La reciente crisis institucional vivida en Sudán, ha vuelvo a llamar la atención mediática de los principales medios de comunicación hacia este país del África subsahariana, que ha iniciado un nuevo periodo turbulento en su historia, marcado por golpes de estado, guerras civiles y luchas políticas.
Hoy, los combates se concentran
en Jartún, capital del país, que se ha convertido en una auténtica zona de
guerra, en medio de bombardeos y escaramuzas en sus calles, han dejado cientos
de muertos (o quizás miles) y han obligado a la población civil a huir hacia
otras regiones del país, o desplazarse a naciones vecinas, como la recién
creada Sudán del Sur, que ha sido la principal receptora de los migrantes
sudaneses.
En medio de este confrontamiento
entre el Ejército de Sudán, liderado por el general Abdel Fattah al Burhan, y
las milicias paramilitares conocidas como Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR por sus
siglas en español), comandadas por el general Mohamed Hamdan Dagalo, más
conocido como Hemedti (Apodo que significa "Pequeño Mohamed"); ha
llamado la atención la presencia de efectivos militares de habla francesa, algo
raro en un país árabe, que han acompañado y apoyado a una fuerza conformada por
un "señor de la guerra", como lo es Hemedti, que logró ganar tanto
poder como para desafiar al poder institucional, e intentar un golpe de estado
para derrocar al general Burhan, quién se hizo por el poder por los mismo
medios en 2021.
Así las cosas, es preciso
cuestionarse: ¿Cómo se fortalece un grupo paramilitar que hoy pone en jaque el
poder militar de Sudán? ¿Han participado actores externos en este
fortalecimiento? ¿Quiénes protagonizan estas luchas? En este artículo
analizaremos estas cuestiones y más para entender qué intereses están en juego
en este nuevo episodio de la historia de Sudán.
El ascenso del pequeño Mohamed
Créditos: Mohamed Nureldin Abdallah/Reuters
El general Mohamed Hamdam Dagolo
(Hemedti), es el protagonista de esta guerra civil vivida actualmente en Sudán,
tras el inicio de las tensiones generado por la propuesta de integrar al grupo
paramilitar FAR a las fuerzas armadas, lo que posibilitaría la transición
democrática del país tras el golpe de estado de 2021 liderado por el general
Abdel Fattah al Burhan.
Las Fuerzas de Apoyo Rápido de
Hemedti, cuentan también con la particularidad de ser un ejército que está
conformado por milicianos de la periferia del país, las regiones de Darfur y
Kordofan, al oeste de Sudán, por lo que siempre fueron considerados como
milicianos lejanos a las dinámicas de la capital. Sin embargo, lograron hacerse
con gran influencia dentro del poder del país, gracias al general Hemedti.
Sus orígenes se sitúan en la
región de Darfur (del árabe, tierra de los fur), donde, a pesar de no
contar con estudios y dedicarse al comercio, heredó el poder de su abuelo,
Dagolo, líder de los yanyauid que controlaban parte de la región entre Sudán y
Chad. De igual manera, participó en la guerra de Darfur (2003-2005), donde se
destacó en los combates y consiguió ser apoyado por el poder central sudanés,
que le brindó ayuda militar y económica, contratando sus servicios y los de sus
milicias para combatir a otras fuerzas rebeldes que buscaban hacerse con el
control de la región y desafiar al gobierno en Jartún. Tras su victoria en esta
guerra, logró hacerse con el título de general, como comandante de la brigada
yanyauid, a favor del gobierno. Sin embargo, su ambición iba más allá y
aprovechando el descontento de muchos combatientes por no haber recibido
compensación económica por su actuación en el conflicto de Darfur, se amotinó
con sus tropas y con miembros de las fuerzas rebeldes a las que él mismo había
combatido en el pasado, amenazando con tomarse la ciudad de Nyala.
Este enfrentamiento no duró
mucho, ya que de forma astuta logró llegar a un acuerdo con el gobierno, para
ser reconocido oficialmente como general y compensar económicamente a sus
tropas, así como ser exaltado por las cifras de muertos y heridos de la brigada
yanyauid. Este exitoso pulso con el gobierno central le hizo ganar un gran
apoyo popular en Darfur, donde aún mantenía luchas por el control total de la
región contra fuerzas rebeldes. Además de ello, tras este acuerdo, juró lealtad
al entonces gobierno del presidente Omar al-Bashir, que gobernó la nación entre
1993 hasta abril de 2019, cuando fue derrocado.
La cercanía entre Hemedti y
Bashir fue tal, que el presidente a veces parecía tratarlo como el hijo que
nunca tuvo, por lo que le permitió establecerse en la alta cúpula del poder
sudanés, a pesar de que sus orígenes étnicos lo convertían en un extraño, frente
a un aparato gubernamental principalmente dominado por sudaneses de la capital,
o miembros de los ‘pueblos del Nilo’, quienes históricamente han gobernado el
país.
Para 2019, cuando cae el gobierno
de Bashir, la astucia de Hemedti volvió a relucir, al mostrarse como un
ferviente promotor de la democracia en el país, entrando en el Consejo Militar
de Transición, por lo que, para muchos de los manifestantes, fue visto como la
imagen de unas nuevas fuerzas armadas en una nación democrática.
Desde entonces ya figuraba como
un actor político y militar que estaba a la par de las fuerzas armadas
sudanesas. Pero, ¿Cómo llegó hasta allí? ¿Qué le permitió hacer parte del
Consejo Militar de Transición?
Los viajes de las FAR
Créditos: AFP
Para 2013, teniendo al presidente
en su bolsillo, el general Hemedti constituyó a su grupo como una fuerza
paramilitar separada, con el objetivo de mantener su lucha contra los rebeldes
de Darfur y contra los movimientos revolucionarios del norte del país, en los
montes Nuba; esto último por pedido expreso del gobierno central. Gracias a
este apoyo, y los ingresos que estaba recibiendo por prestar sus servicios
militares, añadió caballería a su ejército privado, con una flota de camionetas
con ametralladoras pesadas, que, aunque parecen poco, fueron vitales para el
fortalecimiento de su cuerpo armado, lo que los ayudó a lograr una gran
victoria contra los rebeldes en Darfur en abril de 2015.
Y como si fuera poco, ese mismo
año Arabia Saudita inició una intervención militar en Yemen, utilizando como
principal pie de fuerza a tropas extranjeras en calidad de mercenarios, o
colaboradores, como lo hizo Sudán, que ofreció apoyo militar para esta
intervención. Bajo el mando de esta operación, quedó el general Abdel Fattah
al-Burhan, actual líder del Consejo Militar de Transición que desbancó al
gobierno de Bashir en 2019; quien decidió enviar principalmente a las tropas de
las Fuerzas de Apoyo Rápido de Hemedti, aprovechando su calidad de fuerzas
paramilitares, y para no arriesgar a las tropas del Ejército Sudanés, por lo
que Hemedti se vio bastante favorecido por los servicios prestados por sus
mercenarios en Yemen. De igual manera, tampoco podemos dejar de mencionar una aparente
participación de tropas de las FAR desplegadas en Libia, aunque de esto no se
tenga claridad.
A la par de estas participaciones
en el exterior, la guerra en casa no se detenía, y el general Hemedti con su
ejército bastante fortalecido continuó sus luchas por el control total de la
región de Darfur, donde las fuerzas rebeldes se encontraban replegadas al sur.
Fue así como lanzó a sus hombres en medio de una gran ofensiva en noviembre de
2017 sobre Jebel Amer, tomando posesión sobre esta zona donde se encuentran las
principales minas de oro del país, para luego finalmente derrotar y capturar a
Musa Hilal, comandante de las fuerzas rebeldes y principal opositor del
presidente Bashir.
Así, el general Hemedti quedó con
dos grandes fuentes de ingresos para su grupo paramilitar y su propia familia. El
antiguo iletrado y aparentemente insignificante líder tribal, pasó a controlar
y explotar una de las mayores reservas de oro de todo el continente y a tener
la mayor empresa de mercenarios del África subsahariana. Desde esta nueva e
influyente posición, pasó a poner en práctica sus habilidades como comerciante
para mantener en pie su proyecto construido a partir de violencia y sangre.
El oro para Wagner
Créditos: Yasuyoshi Chiba/AFP
Durante el año 2017, tras retomar
el control de las minas de oro de Jemel Amer, el presidente Bashir, se sentó
con el gobierno ruso en Moscú, para firmar una serie de acuerdos militares y
económicos, entre los que figuraba la construcción de un puerto sobre el Mar
Rojo y la concesión de explotación de oro entre la empresa rusa M Invest y el
gobierno sudanés (que había nacionalizado la extracción del mineral).
Gracias a estos acuerdos, Rusia
entró a Sudán como un socio comercial clave para el desarrollo del país. Sin
embargo, investigaciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, prueban
que la empresa rusa M Invest, es solo una fachada del polémico grupo de
mercenarios Wagner, liderado por Yevgeni Prigozhin; cuyos hombres se
encontraban para entonces desplegados en la República Centroafricana, justo en
la frontera suroeste de Sudán.
Esta cercanía territorial con la
zona de explotación aurífera ha permitido el envío ilegal de oro por vía
terrestre hacia el vecino país y los cuarteles de Wagner en este, para rédito
propio, así como del aparato corrupto ruso que se encuentra detrás. Según
informes de inteligencia estadounidenses, este mineral es traslado desde allí
hacia Rusia a través de una cadena de aeropuertos ilegales que llenan las arcas
del Kremlin y de oligarcas rusos, entre los que están el propio Prigozhin.
Como retribución, además del pago
de millones de dólares por el oro, Rusia también ha enviado a asesores del
Grupo Wagner para entrenar a las fuerzas militares sudanesas en cuanto a
tácticas, doctrina, armamento e inteligencia; llegando incluso a operar
(supuestamente) en la represión de las protestas que vivió el país en 2018,
donde, según la agencia Conflict Inteligence Team, se reportó la presencia de
camiones tipo Ural-4320 del Grupo Wagner, provenientes de la República
Centroafricana, por las calles de Jartún durante las protestas a finales de
año.
Créditos: Conflict Inteligence Team
Además de ello, en 2021, a través
de un canal de la red social Telegram, también se hicieron públicas imágenes de
asesores de Wagner, acompañados por un alto comandante de la agrupación,
impartiendo entrenamiento a soldados sudaneses en 2019, entre los que se
incluían ejercicios de aterrizaje en paracaídas.
Créditos: Grey Zone/Telegram
Con el paso de los años, la
participación de Wagner fue incrementando en la región, cambiando incluso de
lealtades, ya que, durante las protestas de 2019, apoyaron activamente al
gobierno de Bashir para idear campañas propagandísticas que demeritaran las
exigencias de los manifestantes, como era acusarlos de "proisraelíes"
o "antiislámicos". Posteriormente, tras el derrocamiento de Bashir, y
la llegada del Consejo de Transición en cabeza del general Burhan, Wagner le
dio la bienvenida al poder y lo apoyó desde el inicio de su gestión, asegurándose
así el control de las minas del sur del país. Sin embargo, la dirigencia de
Wagner rápidamente se dio cuenta de que para tener control de estas reservas de
oro, debían buscar otros aliados, así que recurrieron al protagonista de este
artículo, el comandante de las Fuerzas de Apoyo Rápido, el general Hemedti,
quien firmó nuevos contratos de explotación con los Wagner, a cambio de
financiación y asesoría militar para su grupo armado.
Jaque en el poder
Créditos: Umit Bektas/Reuters
Durante 2023, las Fuerzas de Apoyo
Rápido de Hemedti, ya contaban con más de 100.000 efectivos, quienes disfrutan de
uno de los mejores salarios de toda la región, por lo que su lealtad es total
hacia su comandante en jefe, quien era el segundo al mando dentro del Consejo
de Transición liderado por el general Burhan.
En el marco de las discusiones
sobre la integración de las FAR y sobre quién recaería el liderazgo, el general
Hemedti dio la orden a sus hombres de replegarse por todo el territorio,
encendiendo las alarmas del general Burhan, que entendió esta acción como un
acto hostil poniendo en alerta al Ejército Sudanés. A la fecha no se sabe quién
inició las hostilidades, pero el 15 de abril de 2023, una serie de
escalamientos llevó a las FAR a intentar tomarse el poder en la capital Jartún,
desatando la guerra en el centro del país.
Con este duro golpe demostró la fortaleza
de su grupo y puso en jaque el poder del Ejército Sudanés, que ha sido incapaz
de derrotar a las FAR, que en cabeza de Hemedti, ha visto sus filas llenarse de
hombres de Chad, la República Centroafricana, y Niger. Esta situación se puede
entender por la afinidad étnica con los pueblos del Darfur, de donde proviene
Hemedti, y por los salarios que se ofrecen en las FAR, como pocos en toda el
África subsahariana; además de pasaportes y tierras, por lo que padres e hijos
se han enlistado en sus filas, siendo incluso menores de edad.
Hemedti se convierte así en un
actor principal en la geopolítica centro africana y subsahariana, a la par que
es el rostro de los alcances que puede tener una empresa de mercenarios,
dedicados a la guerra y la violencia, cuando crecen lo suficiente para poder
desafiar el poder al que sirven a cambio de dinero. Modelo que nos abre la ventana,
incluso, para definir un posible escenario futuro en el viejo continente, donde
el Grupo Wagner, tradicional brazo armado paramilitar de Rusia en el exterior,
comienza a desafiar el stablishment del Kremlin tras sus acciones en la
guerra de Ucrania. ¿Puede Prigozhin convertirse en el Hemedti de Rusia? Solo el
tiempo podrá dar respuesta a esa pregunta.
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Fuentes:
https://www.bbc.com/news/world-africa-65328165
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-65292705
https://www.vox.com/world-politics/23712710/sudan-war-khartoum-burhan-hemedt-rsf
https://www.csis.org/analysis/how-does-conflict-sudan-affect-russia-and-wagner-group
https://citeam.org/are-ru-mercenaries-suppressing-the-sudan-protests/?lang=en







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